Blog: Kaizen

No es necesario decir que, para la supervivencia de cualquier tipo de negocio lo principal es el cliente. Es algo más que obvio. Sin embargo, muchas empresas no saben mantener a su clientela o no conocen esos valores intangibles que tienes en cuenta como comprador y que debes intentar ofrecer como compañía.

El primer mantra que debes meterte en la cabeza es, que tus clientes son los que hacen que tu empresa siga en pie, por lo que satisfacer las necesidades y urgencias es parte fundamental de la rutina de toda compañía que quiera seguir viento en popa.

Por otro lado, es importante conocer el límite de nuestros servicios como empresa. Es tan importante mantener una relación estrecha y buena con el cliente como saber marcar los límites en cada momento, como sucede en la relación entre un padre y un hijo.

Por ello, hemos de cuidar de cada cliente como si de nuestro proyecto se tratase. Porque, aunque se estén haciendo bien las cosas, siempre hay cosas que pueden hacerse para que esta relación se afiance un paso más allá.

Obviamente, para ello la base de todo es un producto o trabajo de una calidad excelente que consiga sorprender al cliente o supere sus expectativas, por lo que también es muy importante conocer a cada cliente de manera individual para poder conocer sus deseos y necesidades.

Una experiencia favorable es mucho más que un cliente

La recompensa al trabajo bien hecho va mucho más allá de la satisfacción de un trabajo bien hecho o de afianzar al cliente. Una buena experiencia sobre los servicios ofrecidos hará que dicho cliente promocione tus servicios a todos aquellos que necesiten servicios similares de su entorno.

Es muy importante entender esto, pues no solo se trata de mantener a un cliente, sino de acercarse a posibles clientes potenciales.

Uno de los mayores retos en este sentido es gestionar la experiencia del cliente. Si tenemos claro a quién estamos resolviendo un problema o satisfaciendo una necesidad, cumplir con sus expectativas será mucho más sencillo.

En este sentido, como empresa debemos intentar desarrollar ciertos lazos personales con los clientes, de manera que comencemos a trabajar y tratar al cliente como un miembro integrado de la empresa, un amigo cuyo lazo de confianza se afiance tanto en tiempo como en la capacidad de tomar decisiones.

No debes olvidar tampoco innovar o dejar de investigar nunca por tu negocio. Ofrece nuevas formas de agradar a tus clientes y usa el conocimiento que tienes de ellos para adelantarte a sus posibles necesidades y a su vez, a la competencia.

Sin embargo, no todo se resume en ser el primero. Los clientes saben que hoy en día cualquier empresa necesita proyectos, por lo que buscan que se cumplan sus expectativas y más. Por ello hay que ser conscientes del valor de cada cliente y tratarlo como a nuestro propio hijo.

Cuidar a cada uno de manera individualizada, prestando atención a sus necesidades y conociendo sus gustos es, en definitiva, recorrer un camino que bien se puede emparejar al éxito en esa relación además de una forma de captación de futuros clientes. En definitiva, una manera de hacer tu negocio fructificar.

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