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Artículo publicado en El Mundo. Columna El Laboratorio

Los últimos datos sobre la evolución del desempleo manifiestan de entrada una mejoría en nuestra economía. Así pues, el descenso en julio en 74.028 personas deja a los inscritos en 4.046.276. Pero, ¿qué tipo de empleo se está generando realmente?

Seguro que no nos resulta ajena la frase de «es mejor tener un mal trabajo que no tenerlo» y que, por lo tanto, «hay que aceptar lo que sea, que lo bueno ya vendrá». Un tal David Ricardo acuñó a principios del siglo XIX la denominada Ley de los salarios de bronce según la cual los salarios reales tienden hacia un nivel mínimo que se corresponde con las necesidades de subsistencia de los trabajadores. Cabe entonces preguntarse cuál podría ser ese mínimo.

Todo y que en las sociedades capitalistas hemos podido comprobar que los salarios han superado con creces los niveles de subsistencia, la actual situación de nuestro país describe una realidad un tanto peculiar: ¿cuál es el salario que un trabajador desempleado estaría dispuesto a percibir en la actual coyuntura? Que se lo pregunten a las miles de personas que están aceptando empleos que con suerte rozan los 400 euros por realizar jornadas laborales completas.

Si bien es cierto que el número de afiliados a la Seguridad Social aumenta, no es menos cierta la precariedad laboral a la que se enfrentan las personas que logran un empleo. El tipo de contratación por el que están optando las empresas es significativamente precario y la realidad describe un escenario que, paulatinamente, va fraguando una mayor brecha social entre los que tienen y entre los que se tienen que conformar con las migajas de lo que logran rascar.

Hablar de recuperación económica en un escenario en el que la precariedad laboral es el catalizador de la crisis, no puede ser la antesala de nada bueno. Hace algunos años disfrutábamos de la serie Friends en la que un grupo de treintañeros superdivertidos compartían hogar en un micro apartamento en New York. Hoy a lo mejor entendemos un poquito más que lo divertido y lo moderno era una manera de satirizar los nuevos modelos sociales hacia los que caminamos fruto de esa precariedad laboral.

Eduard Amorós Kern es director de Marketing en KAIZEN GROUP y profesor de la Universitat de València

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