Blog: Kaizen
redes sociales

Artículo publicado en la Universidad Internacional de Valencia

A todos nos gusta que el servicio que contratamos se ajuste a las expectativas que tenemos depositadas sobre él. Si reservamos un hotel cinco estrellas, esperamos unas habitaciones impecables, un buffet de desayuno excepcional y un trato exquisito por parte del personal del hotel, entre otras cosas.

Pero ¿qué ocurre cuando las habitaciones impecables, el buffet excepcional y el trato se acaban convirtiendo en una generalidad entre el mix de oferta disponible? ¿Qué sucede cuando el número de competidores existentes en el mercado es cada vez mayor?

Que el mercado y las relaciones comerciales han cambiado de manera significativa es una evidencia (Kotler, Burton, Deans, Brown y Armstrong, 2015), por lo que nos enfrentamos a mercados cada vez más fragmentados, con una competencia mayor entre las marcas.

La irrupción de un nuevo escenario social en el que el dominio de las nuevas tecnologías y la web 2.0 ha llevado a los usuarios de Internet a encontrar una gran cantidad de exposición de información en línea, y una de las más importantes se puede encontrar en las redes sociales.

Sin embargo, más allá de estas plataformas, existe una tendencia creciente por parte de las empresas por querer conocer cuáles son nuestros hábitos de consumo, o lo que es más importante, cuáles son nuestros hábitos y costumbres en la red con la finalidad de identificar patrones de conducta.

¿Cómo saben las marcas cuáles son mis hábitos de conducta?

Seguramente, si eres una persona más o menos despierta y familiarizada con la tecnología tendrás tu perfil de Facebook bloqueado para que nadie pueda fisgar tus fotografías o tu sesión de Google cerrada para no dejar un rastro sobre las páginas que visitas.

Pero que tú lo tengas en cuenta no significa que el 90% de la población preste excesiva atención a este tipo de cuestiones. De hecho, resulta bastante habitual comprobar la cantidad de información que cedemos de manera generosa: la relación de colegios, institutos y universidades en la que hemos cursado estudios, números de teléfonos privados, cumpleaños, direcciones personales y profesionales, amigo, etc. Un conglomerado de información que resulta de gran interés para las empresas.

Y esto no queda ahí, ya que una cosa es la información personal que, de manera más o menos consciente revelamos al mundo en general, y a grandes marcas en particular, y otra la que generamos a través de los hábitos de consumo y conductas que desarrollamos a través de la red visitando determinadas páginas web, interactuando con nuestras redes sociales, o desplazándonos con nuestro Smartphone por la calle con nuestro geolocalizador activo. Océanos de información que configuran una gran masa de datos, el llamado Big Data.

Así pues, tal y como apunta (Gutiérrez-Puebla et al, 2016), varios trabajos recientes aparecidos en la revista ‘Dialogues in Human Geography’ ponen el foco en los retos y las oportunidades del uso del Big Data. Las fuentes de datos disponibles permiten a los investigadores poner fin a su dependencia de las estadísticas oficiales, en campos tan diversos como la demografía, la actividad económica, la movilidad y los flujos , y cualquier otro aspecto (Shelton et al, 2015). Por eso, no es de extrañar el cada vez mayor interés que despiertan las nuevas fuentes de datos entre las empresas.

El Big Data representa nuevos retos y nuevas oportunidades para las empresas (Erevelles et al, 2016); cada minuto se realizan en el mundo dos millones de búsquedas en Internet. Los usuarios navegan por el espacio cibernético en busca de información utilizando diferentes buscadores, siendo el más común y utilizado en esta era digital es Google Chrome. Este navegador mueve cada día una media de 25 petabytes de datos, es decir, un millón de gigabytes.

Las nuevas tecnologías están cambiando la manera de vivir de la sociedad. Según Youtube (2015), su plataforma cuenta con más de mil millones de usuarios que suben cada minuto a Internet 300 horas de vídeo. La red ha revolucionado la rutina diaria de miles de personas sin que ellas sean conscientes, ya que no sólo los usuarios son los que consiguen información a través de un navegador, sino que compañías también obtienen los datos que se circulan en los buscadores.

La conclusión es que cada vez más las grandes marcas conocen con un mayor detalle aquello que hacemos, y cómo no, aquello que nos gusta. El planteamiento es sencillo: si sé lo que te gusta y soy capaz de ofrecértelo, tarde o temprano acabarás picando. Es cuestión de tiempo.

Cabe preguntarse, por tanto, algunas cuestiones. ¿Nos estamos preocupando como directivos o empresarios en formarnos y adquirir las competencias necesarias para adaptarnos a este nuevo escenario? ¿Somos conscientes de la dimensión del cambio que viene? ¿Estarán preparados nuestros negocios para competir en estas nuevas condiciones?

Estas y otras muchas cuestiones son las que abordaremos en el Grado en Administración y Dirección de Empresas y el Máster Universitario en Administración y Dirección de Empresas (MBA) de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

Dr. Eduard Amorós Kern

Referencias

Erevelles, S., Fukawa, N., & Swayne, L. (2016). Big Data consumer analytics and the transformation of marketing. Journal of Business Research69(2), 897-904.

Gutiérrez-Puebla, J., García-Palomares, J. C., & Salas-Olmedo, M. H. (2016). Big (Geo) Data en Ciencias Sociales: Retos y Oportunidades. Revista de Estudios Andaluces33(1), 1-23.

Kotler, P., Burton, S., Deans, K., Brown, L., & Armstrong, G. (2015). Marketing. Pearson Higher Education AU.

Shelton, T., Poorthuis, A., & Zook, M. (2015). Social media and the city: Rethinking urban socio-spatial inequality using user-generated geographic information. Landscape and Urban Planning142, 198-211.

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