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Artículo publicado en EL MUNDO

Me llama la atención que quienes ondean con más garbo la bandera del liberalismo económico, son por el contrario los más intervencionistas, los más conservadores y los que después de haber pregonado hasta el hartazgo que no subirían los impuestos, nos sorprenden ahora con una subida del impuesto de sociedades. ¿Es favorable una subida de los impuestos en estos momentos?

Personalmente considero toda sociedad que aspire a tener unos buenos servicios públicos de calidad y un estado del bienestar consolidado, debe poder contar con recursos suficientes para tener un buen sistema sanitario universal, un buen sistema educativo, seguridad, etc. que contribuyan a la generación de un sistema social lo más cohesionado posible y que aminore las desigualdades sociales. Dicho sea de paso, recursos públicos bien administrados a pesar de que en esta comunidad lo de destinar los impuestos a tramas corruptas es algo bastante tolerado por la ciudadanía a raíz de los últimos resultados electorales.

Tengo mis dudas en cuanto a que una subida de los impuestos a las empresas en estos momentos sea lo más acertado, ya que no es pequeña la carga impositiva que deben de soportar el conjunto de pymes de nuestro país. En España destinamos más de un 50% de la facturación al pago de impuestos. Bueno, las pequeñas, las grandes y «patriotas», ya sabemos que juegan en otra liga.

La coyuntura actual requiere de estructuras organizativas ágiles centradas en el valor trabajo y el conocimiento pero que a su vez no se vean lastradas por la alta carga impositiva a la que se ven sometidas la empresas. No está de más recordar que en este país contamos con al friolera de cinco millones de personas desempleadas (según la EPA), y un 50% de jóvenes desempleados y otros tantos miles exiliados. Urge poner encima de la mesa propuestas que contribuyan a la generación de empleo y autoempleo.

Hace falta que en este país una persona que decide emprender y dedicar su tiempo a montar una empresa no se le esté exigiendo antes de arrancar que pague por su trabajo. Y hace falta incentivar una mejora salarial en la que no sean los costes de contratación los que lastren la contratación. No es razonable que para que una persona perciba 1.000 euros, a la empresa le cueste 1.500. En estos momentos, contratar debería ser lo más económico posible, sin que sea sinónimo de salario bajo. Al igual que emprender debería contar con todas las facilidades, y no con todas las cargas.

Eduard Amorós Kern es director de Marketing en KAIZEN GROUP y profesor de la Universitat de València

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