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Artículo publicado en EL MUNDO

SI EXISTE con el marketing una visión bastante difusa y que le hace poca justicia, por la cantidad de connotaciones peyorativas y por la falta de conocimiento real sobre la materia, en el caso concreto del marketing político este desconocimiento es, si cabe, mucho mayor. La visión que existe sobre el marketing es bastante vaga y reduccionista, asociando esta área de trabajo a las ventas, cuando el marketing contempla un número de variables, herramientas y acciones que van mucho más allá.

Así, en el caso de las organizaciones políticas suele existir la falsa creencia de que todo se decide en la campaña electoral. Entender que nuestro éxito ante un proceso electoral se reduce a la acción que podamos realizar durante los escasos quince días del periodo de campaña, puede ser sinónimo de fracaso. Realizar un análisis exhaustivo del entorno electoral, una correcta segmentación e identificación de los públicos para adecuar las acciones, desarrollar una dinámica comunicativa ajustada a los públicos y a objetivos concretos, desarrollar redes de colaboración, así como elegir las estrategias oportunas son algunas de las cuestiones a considerar.

En las dos últimas décadas, en la mayoría de los sistemas políticos democráticos se ha generalizado la utilización del marketing. No obstante, el marketing político y electoral, a pesar de que cada vez se van incorporando más y mejores profesionales a este sector, paradójicamente, no deja de ser un gran desconocido en el contexto de la política.

El objetivo de la aplicación de un buen marketing político no persigue el lograr la victoria de manera aislada y cuasi azarosa en una contienda electoral, sino que, por el contrario, pretende planificar y diseñar acciones bien orientadas a satisfacer las necesidades reales de las personas. Esto es, se trata de generar comportamientos de mayor simpatía hacia la marca, la persona y la gestión, fundamentado todo ello en el largo plazo. Existen muchos más aspectos a tener en cuenta en el diseño y desarrollo de una buena estrategia de marketing político. Todo y así, sin existir ninguna receta mágica, lo importante para la aplicación de un buen marketing político es desarrollar un plan ajustado a las necesidades de cada territorio. Aunque necesitemos zapatos, ni todos calzamos el mismo número, ni todos los calzados tienen la misma función.

El marketing político no es sinónimo de éxito, pero si que nos puede ser útil a la hora de diseñar estrategias más efectivas en nuestro trabajo político de relación con la ciudadanía.

Eduard Amorós Kern es director de Marketing en KAIZEN GROUP y profesor de la Universitat de València

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